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Por Neus Aguado*. Barcelona,15 de enero de 2024

Crédito de la foto (izq.) Ed. Olifante /

(der.) www.ieturolenses.org

Hay algo que destaca en la obra de Irastortza y es su alta sensorialidad. Esa huella emocional que nos acerca y abre camino a distintas formas de comunicarnos, a distintas formas de estar en el mundo. Es como si, después de leer su poesía o su ensayística, accediéramos a nuevas sinapsis neuronales y aumentáramos nuestro background para experimentar la cotidianidad y la espiritualidad.

Tere Irastortza Garmendia escribe en euskera, el único idioma preindoeuropeo que se habla en Europa. En Tere Irastortza Garmendia hay pasión y oficio, un reto personal y un compromiso colectivo. Hay un discurso que se abre a nuevas posibilidades y que no tiene término medio, salva o pierde. Publicó precozmente, en 1980, con diecinueve años, su primer libro, Gabeziak, que fue galardonado con el Premio de la Crítica de poesía en euskera, ―premio que volvería a ganar en el 2003 por Glosak esana zetorrenaz― y desde entonces ha continuado siendo reconocida y publicando, sobre todo, poesía y ensayo. Ahora, disponemos de una cuidada edición bilingüe de Llenabais el mundo / Mundua betetzen zenuten, en traducción al castellano de la propia poeta.

La autora afirma que hay “vivencialidad” y “oralidad” en su poesía y añade, en una entrevista que le concede a Percy Vilchez Salvatierra, en el programa “Libertad bajo palabra”, el 8 de noviembre pasado: “Que por mucho que escribamos o por mucho que sepamos, solo podemos glosar el mundo”. Una esclarecedora conclusión acerca de la poesía, y acerca de cualquier arte.

Así, existe el trasfondo de una serie de vivencias en el que, de alguna forma, el lector se sentirá cómplice, porque lo podrá compartir gracias a la fuerza estilística y al nítido léxico. Es algo subterráneo, relacionado con la naturaleza, con la belleza de la propia vida, con el devenir de los días que acaban ciertamente en noche, incluso en exilio interior.

Hay complejidad en los poemas que componen Llenabais el mundo: un libro inspirador, de una precisión y de un despojamiento, que nos acerca a la reflexión. Llenabais el mundo es, además, un libro insólito y valiente. Es un libro de las pérdidas de las personas amadas y es, a la par, un canto a la vida, a la belleza, a la poesía, al amor más allá de todo retorno, a la naturaleza, a la música, a la pintura. En este sentido, en el poema “Definen a Edward Hopper en pies de foto” hay un verso que dice “La imagen se asemejaría a un bodegón de silencio”, que nos retrotrae a la infinita soledad de los días que describe muy bien la autora, “pero sin el pavor de haber presentido el tiempo despeñándose”, como enuncia en un verso del mismo poema.

Modular el silencio y la soledad para convertirlos en la mejor compañía, y hacerlo sin temor ni esperanza, como reza la divisa clásica.munduan betetzen zenuten3

Llenabais el mundo / Mundua betetzen zenuten transmite una manera tan delicada de expresar el duelo por la persona amada, como pocas veces se encuentra en la literatura, tal vez en Emily Dickinson. Se desprende un pudor ancestral en la manera de exponer los sentimientos. La ausencia y la presencia al unísono. Un poder hablarle de tú a tú a la vida, de tú a tú a la muerte. La muerte, esa compañera irrenunciable. El apego a nuestros muertos y muertas, incluso a nuestras experiencias -ya muertas o caducas- que siguen reclamando su espacio.

Este libro produce un gran impacto en el lector, porque es como si de repente alguien nos permitiese acceder a su vida diaria, a la intimidad de las cosas pequeñas, que acaban siendo las más importantes, como demuestra en el poema que empieza así: “Qué cosa ahora levantarse por la mañana es un disparate” y que termina con estos dos versos: “y parezca así que han pasado solo algunos días/ cuando, realmente, el tiempo todo, se nos ha venido encima.”.

Los libros de Tere Irastortza son libros para volver (recuerdo ahora Son nueve, los pájaros), porque son de una hermosa densidad, enmascarada en el relato de lo cotidiano. Imprevisiblemente, aparece un elemento distorsionador y/o transgresor y eso le aporta una fuerza inesperada a la formulación del texto, que deriva en una lectura más rica. Al mismo tiempo, existe una reivindicación de los objetos que nos rodean y de los paisajes.

Si tuviese que comparar la poesía de Irastortza, lo haría con los conciertos de la pianista Martha Argerich, ese desvanecerse los dedos en el piano. Esa llamarada que nos traspasa y nos da vida. En las manos de Tere Irastortza las palabras se convierten en fuego candente, ella es una suerte de alquimista que nos ofrece la palabra calcinada en el atanor, la palabra transfigurada.

Llenabais el mundo / Mundua betetzen zenuten es un poemario incandescente, y como tal, posee una intensidad lírica muy difícil de alcanzar. Ese estar entre lo visible y lo invisible en el transcurso del libro, me parece un magnífico logro.

Esa ‘cara oculta’ del lenguaje que Irastortza domina sabiamente.

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